Distracciones

Hace algunos años atrás saliendo de mi casa con el auto, un motorista que venía en dirección contraria, invadió mi raya y me chocó, destruyendo todo el lateral de mi vehículo. Al preguntarle qué había sucedido y por qué había invadido mi espacio, el joven contestó diciendo: “es que me distraje mirando a una hermosa chica que caminaba por el pasillo”.


La distracción de ese motorista pudo haber terminado con consecuencias mucho más graves, quizás pudo haber atropellado a un niño u otra persona, pero gracias a Dios solo hubo daños materiales que después él los compensó.


Diferentes cosas o situaciones pueden distraernos y esas distracciones invariablemente nos afectan tanto en el nivel personal como colectivo. El motorista que me chocó manejaba un auto que no le pertenecía y que tampoco tenía seguro, así que por su distracción tuvo de pagar el arreglo de mi auto causando inconvenientes a sí mismo y al dueño del auto prestado.


Muchas veces pensamos que solo las consecuencias de la distracción de determinados profesionales, como los pilotos aéreos, los médicos cirujanos o de los agentes de seguridad, pueden generar graves consecuencias, pero las nuestras también las generan.


En la jornada de la vida espiritual las distracciones ofrecen el mismo riesgo de impedir nuestro progreso tranquilo. La Biblia nos alerta a que mantengamos nuestra mirada fija en el Señor Jesucristo sin permitir que las distracciones confundan el camino por el cual debemos andar.


Tal vez nunca hubo tantas distracciones como en la época que vivimos; y en su mayoría nos invitan a desviar nuestro caminar con el Señor. Elijamos bien nuestro destino y caminemos sin perder el foco. Es importante entender que el problema realmente no fue la chica en el pasillo, fue el motorista que no miró hacia donde iba. Sigamos adelante sin mirar hacia atrás.


  • ¿Qué daños has sufrido por tus propias distracciones?

  • ¿Cuáles distracciones te desvían del camino que has elegido?


(Mirar a Jesús, Hebreos 12:1-2 – No mirar las distracciones, Mateo 14:29-30).



#Español