Tarjeta Amarilla


En el fútbol los árbitros usan dos colores de tarjetas para comunicar a los jugadores una advertencia cuando cometen algún tipo de infracción. La tarjeta amarilla es presentada al jugador por haber cometido una falta mediana o demasiadas faltas leves, y la tarjeta roja cuando el jugador recibe una segunda tarjeta amarilla o cuando comete una falta grave. Al recibir la tarjeta roja el jugador debe dejar el campo y no puede ser sustituido.


Este sistema fue inventado por el árbitro británico Ken Aston e introducido por primera vez en el mundial de futbol de 1970. La idea fue mejorar la comunicación entre el juez y los jugadores de diferentes países para que tuviesen un mínimo de entendimiento a pesar de sus diferentes idiomas. La inspiración vino del mundial anterior cuando un jugador Argentino alegó no haber entendido la marcación del árbitro en el partido de Inglaterra ante Argentina.


Las tarjetas se tornaron fundamentales para organizar el juego ya que sin ellas los jugadores sobrepasarían el límite de lo razonable y de lo acordado por las reglas. Un proceso similar utiliza Dios para dirigir a sus hijos. Al reconciliarnos con Él, una profunda paz invade nuestro corazón y es justamente esa paz que actúa como indicador en nosotros cuando nos desviamos de las reglas divinas.


Cuando nos portamos inadecuadamente la paz de Cristo en nosotros disminuye y es así como la tarjeta amarilla revela nuestro desvío y nos indica la necesidad de regresar a lo correcto. Cuando insistimos en el desvío nos alejamos aún más de sus reglas y la preciosa paz de Cristo mengua aún más, pero queda como advertencia clara de Dios a nosotros.


Disfrutemos de la vida, gocémosla al máximo, pero observando las reglas del Creador sin desviarnos de sus buenos caminos, pues triste sería recibir del árbitro eterno la tarjeta roja y ser sacados para siempre.


  • ¿En qué situaciones el Señor te ha mostrado la tarjeta amarilla?

  • ¿Cómo reaccionas al recibir una tarjeta amarilla del Señor?


(La indicación de la paz, Colosenses 3:15 – La reacción al Árbitro, Hebreos 3:7-9)

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