Calor Humano


Hace un tiempo atrás quedé muy sorprendido y asustado cuando el doctor me examinó y me dijo que en cualquier momento yo podría infartar. Me comunicó que yo tenía que ser inmediatamente sometido a una cirugía para la implantación de un stent en mi corazón. Actuando apresuradamente me llevaron para el quirófano y empezaron con los procedimientos aumentando aún más mi nerviosismo.


Mi intranquilidad empeoró cuando después de la operación percibí que los enfermeros que me llevaban al cuarto parecían demasiado preocupados con mis signos vitales. En ese momento, en medio de mi agitación, una enfermera simplemente puso su mano en mi antebrazo y con ese toque me tranquilizó profunda y completamente. No sé quién era, ni vi su rostro, pero sentí su mano y su calor humano, confortando y quitando toda mi intranquilidad.


Quizás no todos hemos tenido una experiencia así, pero ciertamente todos ya hemos atravesado situaciones que nos preocupan, que nos quitan la paz y agitan. En estos momentos necesitamos de un toque sin malicia y con mucha ternura, un toque mismo que sin palabras nos hable fuerte trayendo la serenidad necesaria.


De igual manera, hay momentos cuando son los otros que necesitan de este mismo toque y somos nosotros quienes podemos brindarlo. Tal vez un abrazo, un apretón de manos o un beso que pueda respetuosamente transmitir nuestra sincera solidaridad y apoyo. Un toque que pueda asegurar a la otra persona que ella no está sola.


Tristemente existen otros tipos de toques, toques de malicia y maltrato, que en vez de restaurar destruyen, en vez de sanar agreden, en vez de bendecir maldicen. Por lo tanto, la existencia de esos toques desvirtuados y distorsionados no deben impedirnos manifestar de manera respetuosa y afectuosa el calor humano que todos necesitamos y que en determinados momentos nos son vitales.


¡Jesús tocaba la gente y la sanaba, aprendamos con el maestro a hacer lo mismo!


  • ¿Cómo percibes la diferencia entre un toque malicioso y un toque afectuoso?

  • ¿En cuáles momentos necesitas de un abrazo sincero?


(El toque sanador, Mateo 8:3 – El toque perdonador, Lucas 15:20)


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