Joya Verdadera


Cuando mi esposa y yo cumplimos 30 años de casados yo le regale un anillo de brillante como símbolo de renovación y confirmación del pacto de amor y fidelidad que hicimos en nuestra juventud. El anillo es hermoso, es de oro blanco y posee una piedrita de diamante.


Después de un cierto tiempo, debido a la exposición de los trabajos diarios el anillo quedó un tanto opacado y rayado perdiendo un poco de su brillo, entonces decidimos enviarlo a la misma joyería donde lo habíamos comprado para ser pulido. Quedamos sorprendidos y muy felices cuando nos entregaron el anillo después de pulido, pues su brillo y belleza volvieron. Aprendimos que existe una rutina de mantenimiento para ese tipo de joya y que cada cierto tiempo el pulimento es necesario.


No sólo el anillo, también el propio matrimonio pasa por situaciones de la vida que producen desgaste y deterioro, perdiendo parte de su encanto y felicidad iniciales. La clave para el mantenimiento de la armonía y felicidad de cualquier matrimonio es la existencia de diálogo y el trato de las divergencias.


Diferente de monólogo, diálogo es cuando dos personas hablan y son comprendidas. Divergencias por su vez son los diferentes puntos de vista de personas distintas. Entonces cuando se aumenta el diálogo y se ablanda las divergencias se abre la posibilidad para el entendimiento y la cooperación que son vitales para la vida conyugal.


La biblia enseña que “lo que Dios juntó no lo separa el hombre” y ahí reside el secreto de la renovación constante del matrimonio. Como aquel que hizo la joya sabe restaurarla, así Dios que juntó la pareja sabe mantenerla junta. Cuando el hombre y la mujer se arrodillan delante del creador de la vida encuentran la plataforma ideal para el entendimiento y cooperación necesarios. ¡Que el Señor siga puliendo nuestro matrimonio para que continúe brillando!


  • ¿Cuáles situaciones pueden desgastar y deteriorar un matrimonio?

  • ¿Cómo restaurar el brillo de la unión conyugal?


(Hombre y mujer unidos por Dios, Mateo 19:5-6 – Convivencia armónica, Filipenses 2:3-4)

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