Pizza Revolucionaria

Mis papás iniciaron la obra del Ejército de Salvación en Portugal, entonces viví en Lisboa justamente en la época que sucedió la “revolución de los claveles”. Esa fue la revolución que el 25 de Abril de 1974 provocó la caída de la dictadura salazarista que dominara a esa nación por 48 años y restauró la democracia al país.


Como usualmente ocurre, los meses que antecedieron a ese evento fueron de agitación en las escuelas y universidades. A los 13 años de edad sin saber exactamente lo que sucedía, me vi involucrado en la ola del movimiento estudiantil, volcando los autos de los profesores, quemando los registros de la escuela, escribiendo en las paredes y gritando en las marchas: “El pueblo unido jamás será vencido”.


Habiendo vivido en 6 países diferentes, en 3 continentes distintos, confieso ahora que mi ímpetu y sueños juveniles se frustraron con las diversas ideologías y sistemas políticos. La verdad es que si los que llegan al poder no respetan a Dios, tampoco respetan a Su creación y aún menos a las personas. Bien dijo el historiador católico británico John Emerish Edward Dalkberg Acton: “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”.


En cualquier esfera de la vida, cuando aceptamos que el poder absoluto pertenece a Dios, nos sometemos a Él, pero si pensamos que el poder absoluto es nuestro, entonces nosotros nos convertimos en dioses. Independiente del color partidario o del régimen político, es la sumisión a Dios que permite un rumbo de paz y prosperidad con integridad y transparencia.


En aquellos días como joven estudiante no teníamos mucho dinero, pero hacíamos un esfuerzo colectivo para comprar una pizza y dividirla entre todos. Ahí aprendí que si el pedazo de algunos era más grande, el de los otros quedaba más chico y había descontentamiento.


¡Cuando Dios reina, no hay injusticia!


  • ¿Qué esperas de tus gobernantes?

  • ¿Qué aportas a los gobiernos?

(Sabiduría para gobernar, 2 Crónicas 1:11-12 – Ejemplo para liderar, Hechos 2:44-45)

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